Por el hecho la jefa del Servicio Penitenciario resolvió destituir al Cabo Cristian Ariel Aguirre y al Agente Cristian Alan Pintos.
Fueron descubiertos cuando el Adjutor Principal, al realizar una recorrida de rutina por la unidad penitenciaria N°1, notó que la Garita de Guardia N°5 estaba vacía. Aguirre, quien debía estar apostado en ese puesto de control, no se encontraba en su lugar, y Pintos, el agente de turno, se encontraba realizando gestos extraños hacia las cámaras de vigilancia. Al llegar al portón de ingreso, el Adjutor Principal escuchó un disparo de escopeta proveniente de la Garita de Control N°3. Al acercarse, encontró a los dos agentes claramente alterados y en un evidente estado de ebriedad, lo que imposibilitó cualquier intento de diálogo. Los test de alcoholemia arrojaron resultados alarmantes: Aguirre dio 2,40 g/l y Pintos 2,53 g/l, niveles extremadamente altos que confirmaron el abuso de alcohol durante su turno.
Además, en la Garita N°3 se encontraron varias botellas de gaseosas y envases de vino tipo “tetra pack” y cartuchos de escopeta. La investigación reveló que faltaban seis cartuchos calibre 12/70, que estaban bajo la custodia de Pintos, así como el libro de novedades de la Garita N°5, a cargo de Aguirre.
El proceso administrativo evidenció faltas gravísimas por "ebriedad calificada" e "irrespetuosidad", además de otros cargos relacionados con el incumplimiento de sus funciones y la afectación de la imagen de la institución. Tras ser notificados de las acusaciones y ofrecer su defensa, los agentes no pudieron desacreditar los cargos en su contra.
Pintos fuese dado de baja por renuncia, mientras que Aguirre fue destituido, perdiendo su empleo y la posibilidad de ejercer funciones dentro del Servicio Penitenciario.