Durante la ceremonia el nuevo arzobispo reflexionó sobre el contraste entre la alegría de la Navidad y los momentos de dolor que se celebran litúrgicamente, como el martirio de Esteban y los Santos Inocentes.
Mencionó la canción de Pocho Roch “Jesús cunumí”, en cuya letra se simboliza el amor y la misericordia de Dios.
A través del relato de la Resurrección, presentó a tres testigos: María de Magdala, Pedro y el “discípulo amado”, que expresan diferentes formas de ver y entender el misterio de la Resurrección. “Cada uno reacciona de manera distinta, reflejando sus propias experiencias y ritmos personales”, explicó el arzobispo. Destacó así la importancia de la fe y la contemplación, así como la necesidad de apoyarse mutuamente en nuestros caminos espirituales. A través de este relato invitó a la comunidad a reflexionar sobre el camino de fe que todos están llamados a recorrer y a ser testigos del evangelio.
En el final mencionó el inicio del Año Jubilar en la Iglesia, como una oportunidad para escuchar, discernir y compartir la alegría de la presencia del Señor, reafirmando el papel de los creyentes como testigos de la fe.