Si bien nosotros, no teníamos la seguridad (al momento del llamado) si eras nacido en Corrientes, nos alcanza ver un solo video tuyo, para poder llamarte niño correntino. Como vos, lector, y como yo, bombero. Correntinito, de alpargatas, bombacha de campo, mirando de cerca la parrilla con el asado, practicando el zapateo al compás de las espuelas y hasta musiqueando con un acordeón abrazado al pecho. Fan de los almuerzos familiares, y sobremesa de naranjas.
Cuando llegó el llamado, uno de aquellos que nunca queremos que llegue, nosotros, los bomberos, tratamos de contener aquel volcán de emociones, centrarnos en nuestro rol profesional e ir a colaborar con tu búsqueda. Angustia en el aire, pero abrazados a una esperanza de poder encontrarte en algún carrizal o en alguno de nuestros montes tupidos. Allí fuimos.
En algunos casos con muchos recursos, y en otros, con menos. Pero todo bombero voluntario (y sus familias), con ganas de ponerle la piel a la situación y esperanzados en traerte de nuevo a casa.
Cada grito dentro del monte o a campo abierto iba abrazado a esa esperanza…
Cada vez que mirábamos a lo lejos, nos parecía verte…
Le buscábamos forma de huella de tus piecitos a cualquier cosa que veíamos en el suelo…
Cada vez que se acercaba el ocaso nos inundaba la tristeza… Donde andará nuestro niño correntino… como vos y como yo.
Días, noches, llovizna y hasta frío o no, nos quitaban cada día más ese puñado de esperanza. Y tratábamos de mentirnos entre nosotros (los bomberos), sosteniendo que habíamos recorrido poco, o que no hacía tanto frío; que tampoco era fuerte el sol, para poder imaginarte sanito…
En muchos de nuestros servicios, nos acostumbramos a compartir el dolor. Si, a compartir el dolor que pasa esa persona que marcó el 100 desesperadamente.
En este, es distinto. Hicimos nuestro aquel dolor, no lo compartimos. Los días pasaron. Loan, la investigación y nuestras directivas nos han marcado que nuestro trabajo había finalizado. Nos toca volver a casa, a reencontrarnos con nuestras familias, pero un poco enojados con nosotros mismos por no poder devolverte a casa.
La única satisfacción es haber hecho todo lo humanamente posible. Desde nuestras familias, nuestros trabajos o patrones por los permisos, los que se quedaron de guardia, aquellos que recorrieron las más de 25.000 hectáreas, por aire, por agua y por tierra. Vecinos y especialmente al Cuartel de 9 de Julio por habernos recibido, demás bomberos voluntarios, directivos, fuerzas de seguridad, a nuestros perros, y a todo aquel que directa o indirectamente colaboró con la búsqueda: Gracias.
Sabemos que aún estás entre nosotros y que en unos años vamos a poder leerte esta carta.
Aprendimos a quererte, te guardamos un uniforme y te decimos: no te rindas, toda la gente buena de un país te busca, vamos a encontrarte querido Loan.
En nombre de los Bomberos Voluntarios que colaboraron en la búsqueda de nuestro pequeño.
Junio de 2024, Saladas, Corrientes, Argentina.