DISTINCIÓN PARA UN ALBAÑIL DE LA BASÍLICA

Fue uno de los trabajadores que arriesgó su vida en la construcción de la Basílica de Itatí. Nació el 3 de octubre de 1906. Junto a Tomasa, tuvieron 13 hijos y compartían las misas. Hace poco, sus familiares -en su nombre- recibieron un reconocimiento especial.
Hace 3 años LOCALES

Martina y Dionisio Fernández fueron los padres de Cándido, el itateño que falleció hace más de dos décadas y que días atrás recibió una distinción post mortem por parte de la Municipalidad. Su oficio de albañil quedó plasmado no solo en la basílica que congrega a varios miles de feligreses cada año, sino también en distintos inmuebles que hoy son parte del patrimonio arquitectónico de la localidad y de la Casa del Promesero, donde se jubiló como empleado.
Walter Ruiz es docente en Ramada Paso e Itatí, uno de los nietos de Cándido y el encargado de contar parte de las anécdotas que su abuelo le transmitió. Y quien -junto a otros descendientes- participó de un homenaje especial que realizó la Comuna de Itatí.Contó que Cándido nació el 3 de octubre de 1906 y "desde una edad temprana comenzó a trabajar". Ejercitó así el oficio de albañil, que heredó de su padre.
Su trabajo quedó plasmado en cimientos y paredes de casas que por estos días están ubicadas en el casco histórico de la localidad correntina. Pero fue sin dudas su participación en la construcción de la basílica de Nuestra Señora de Itatí lo que marcó su historia personal, porque no dudó en poner en riesgo su vida, recibió una bendición y hasta una recompensa especial.
INTENTOS"Mi abuelo contaba que el obispo (Luis María) Niella, junto con un arquitecto, trabajó en el proyecto para hacer una casa más grande en honor a María de Itatí. Iba a tener el estilo de la iglesia antigua que ahora funciona como museo. Llegaron inclusive a realizar los cimientos y los arcos", rememoró Ruiz.
Pero un desacuerdo entre monseñor y el profesional, primero, y el deceso del religioso, después, truncaron esa edificación. Los yuyos comenzaron a crecer entre las abandonadas estructuras.
Luego, "los Hijos de la Divina Providencia (Obra Don Orione) se hicieron cargo de la dirección del Santuario de Itatí". Tras lo cual, el entonces obispo de Corrientes, Francisco Vicentín resolvió que se retomaran las obras. "Finalmente, en 1938 se descubrió la piedra fundamental del nuevo proyecto, pero el párroco que estaba en esa época quiso que la iglesia fuera más grande de lo que se había planificado primero. Por eso, el diseño actual del santuario lo hicieron el ingeniero Pedro Azzano y el arquitecto Felipe Bergamini", expresó Ruiz a este medio.
Después, comentó que su abuelo había contado que los materiales de la construcción que se paralizó sirvieron para los cimientos de las nuevas obras. "Y una de las anécdotas que él nos relató fue que, cuando estaban excavando para los cimientos, lo llamó el párroco y también impulsor de la obra, Benito Anzolín. Y cuando sale, se encontró con Don (Luis) Orione, quien, al darle la bendición, le dijo que tendría mucha prosperidad tanto él como su familia", precisó Ruiz.
MILAGROS
Ese fue uno de los tantos recuerdos que Cándido compartió. También narró a sus descendientes cuando él y otro trabajador esperaron en la cúspide de la basílica para amurar la imagen de cobre de la Virgen de Itatí. Sin embargo, el hecho que más atesoraba en su corazón fue el día en que-pese a los riesgos que implicaba- no dudó en ofrecerse para instalar el pararrayos en la cúpula del santuario. "Lo subieron con una soga. Contaba que tenía atado a su cuerpo el balde y la cuchara. Y por eso que hizo, como recompensa, le dieron alrededor de medio sueldo más y quince días de descanso", afirmó Ruiz.
Posteriormente, señaló que su abuelo siempre decía que la Virgen de Itatí realizó una serie de milagros durante la construcción de la basílica, ya que se registraron accidentes, pero ninguno de ellos fue fatal. En ese sentido, indicó que "una persona encargada de subir los materiales en los andamios habría colocado más de lo adecuado y entonces comenzó a ceder una estructura en la que estaba él y otro compañero. Sin embargo, los dos se prendieron por las columnitas que estaban haciendo para lo que hoy es la terraza y así se salvaron".
"Inclusive recordó el caso de un albañil del Chaco que se cayó cuando descendía de la escalera que estaba en construcción. Todos pensaron que murió, pero justo cayó sobre unos hierros que todavía estaban como sostén y eso evitó que terminara en el piso. Y, gracias a eso, se salvó", afirmó el nieto de Cándido.
EN OTRAS TIERRAS
El albañil itateño también contó a sus seres queridos que la mayoría de las personas que trabajaron en la construcción de la basílica eran oriundos del Chaco, "como el capataz, a quien nosotros lo llamábamos don Gaspar y que, después de finalizada la basílica, se quedó a vivir en Itatí", indicó el descendiente del albañil distinguido, que luego también vivió un tiempo en Corrientes (Capital). "Porque mi mamá estudió allí para ser maestra", precisó Walter Ruiz.
A su vez, comentó que su abuelo -después de la apertura del santuario- trabajó en otras construcciones y varias de ellas fueron en una arrocera que funcionó en Itatí y en la que don Cándido tenía la función de carrero. "Ahí construyó los galpones, el horno donde se secaba el arroz y la casa del capataz", enumeró el docente itateño.Y, aunque ese emprendimiento productivo luego llegó a su fin, Cándido y su esposa, Tomasa, continuaron allí. "Como el hogar del capataz estaba en un terreno del Arzobispado, el entonces obispo les cedió ese lugar para que ellos habitaran hasta el fin de sus días. En ese sitio estuvo él hasta los 96 años de edad cuando falleció, el 15 de diciembre de 2002.  Y también mi abuela, quien murió cinco años después".
JUBILACIÓN Y MISA
"Mi abuelo fue empleado de la Casa del Promesero. Ahí arregló baños, construyó parrillas y realizó múltiples tareas de albañilería. Se llegó incluso a jubilar como trabajador de ese lugar", expresó Ruiz.
El fin de su etapa activa como albañil, no implicó que se desvinculara de la Iglesia. "Era muy creyente. Y por eso, desde que se jubiló, él y mi abuela todas las mañanas iban a la misa de las 06:30", destacó el docente.  
Una celebración a la cual llegaban después de recorrer a pie las 10 cuadras que separaban su hogar de la basílica. Y, aunque con el paso del tiempo, ambos ya no podían ir más caminando, hasta el fin de sus días le rezaron a la Virgen de Itatí.

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