El prelado consideró que esta actitud "no es ingenua, sino crítica" y que "no parte de los elementos negativos con los que uno tropieza a diario, como el económico, el social o la pandemia, porque si lo primero que nace del corazón son esas cosas negativas va a ser difícil que se construya, sobre esa base negativa, algo positivo. Eso pasa también en los vínculos interpersonales, empezando por lo básico de la pareja humana". Por ello "tenemos que hacer un esfuerzo consciente de mirar hacia atrás y ponerles palabras a las cosas positivas. Es un ejercicio que exige cierta disciplina porque espontáneamente nos nace: ¡Uy, por fin termina este año! y llegamos al próximo y lo terminamos igual".
Consideró que "las cosas negativas son oportunidades para poner en acción en nosotros las capacidades para poder superarnos. Ojalá podamos terminar el año agradeciendo y empezar el otro con una visión crítica, no ingenua, sabiendo que hay cosas muy de fondo que tenemos que ir superando, sobre todo en lo que hace al modo de tratarnos. Lo aplico a la realidad, primero a la más próxima, la familiar, pero a partir de ahí también a la comunitaria, en todas las maneras de la convivencia humana, tanto en la Iglesia como en la convivencia social, política, económica. Tenemos que tratar de ver qué hay de bueno en el otro porque solo a partir de eso podemos caminar juntos".