En otro tramo de su mensaje diferenció al vagabundo del peregrino, porque el primero no tiene metas solo busca el goce individual, y valoró el compromiso con la fe del peregrino, que busca siempre el encuentro.
"Con Jesús, José y María, peregrinamos con esperanza y valentía" es el lema que ustedes, queridos jóvenes, han pensado para nuestra 42º Peregrinación de los jóvenes del NEA a Itatí", exclamó el arzobispo de Corrientes.
En esa línea, Stanovnik detalló que "la esperanza y la valentía hacen la diferencia entre el peregrino y el vagabundo. Para el vagabundo pensar en una meta hacia dónde dirigirse es un ejercicio agotador. La meta es él mismo, no lo mueve la esperanza, sino sólo el interés por encontrar lo que venga y le produzca algún placer; no lo motiva el esfuerzo para un camino en subida, le gusta el camino ancho donde no haya obstáculos, porque no está dispuesto a esforzarse en superarlos".
"En el fondo es un individuo que está siempre buscando algo -prosiguió-, pero teme encontrarse con alguien. Por eso, el vagabundo es un solitario que merodea sin rumbo y sin la alegría de vivir. Es como ese ‘turista’ que pasa por la vida así, mirando sin ver, conociendo sin que nada le atraviese el corazón".
"En cambio, el peregrino sabe hacia dónde va y jamás se siente solo, aun cuando no tenga compañeros que caminen con él, sin embargo, siempre anhela peregrinar con otros, porque su meta es el encuentro. Tan fuerte es la atracción que siente por llegar a la meta, que no hay obstáculo que no esté dispuesto a enfrentar y superar", enfatizó.
"El peregrino, cuando regresa a su casa, a su barrio, a la escuela y al espacio público, no deja de ser peregrino. Porque peregrinar es una actitud ante la vida", concluyó.